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El Gallo es uno de esos productos que muchas veces pasan desapercibidos en la pescadería, pero que merece la pena conocer. No es el más popular, ni el más llamativo. Pero en cocina tiene algo muy importante: es versátil, suave y fácil de trabajar. Una buena opción para el día a día, especialmente si buscamos pescado blanco ligero.
Conocido científicamente como Lepidorhombus boscii, se trata de un pescado plano, similar al lenguado o al rodaballo, aunque más accesible. Se caracteriza por su carne blanca y fina, sabor suave y muy pocas espinas, lo que facilita su consumo. Lo normal es encontrarlo en filetes, lo que lo hace todavía más práctico en cocina, pero eso no quiere decir que no puedas disponer de la pieza entera.
Desde el punto de vista nutricional, el gallo entra dentro de los pescados blancos, por lo que tiene un perfil muy equilibrado. Algunas de sus principales propiedades: Bajo en grasa: ideal para dietas ligeras o digestiones suaves. Rico en proteínas de calidad: contribuye al mantenimiento muscular. Aporte de vitaminas del grupo B: importantes para el metabolismo. Minerales como fósforo y potasio.
Es un pescado fácil de digerir, por lo que suele recomendarse tanto para niños como para personas mayores. ¿Cómo elegirlo en la pescadería? A la hora de comprar gallo fresco, hay algunos detalles que marcan la diferencia: Olor suave, nunca intenso. Carne firme. Piel brillante y húmeda. Si se compra entero, ojos claros y no hundidos. Si optamos por filetes, es importante que no estén resecos ni apagados.
El Gallo no necesita elaboraciones complejas. De hecho, cuanto más simple sea la preparación, mejor se aprecia su sabor. Aquí van algunas ideas prácticas:
Gallo a la plancha con ajo y perejil: Calentar una sartén con un poco de aceite de oliva; Añadir los filetes de gallo con la piel hacia abajo; Cocinar un par de minutos por cada lado; Añadir ajo picado y perejil al final… Resultado: un plato ligero, rápido y con mucho sabor.
Gallo al horno con patatas: Perfecto para una comida completa. Se cortan patatas en rodajas finas y se hornean previamente. Se coloca el gallo encima. Añadimos un chorrito de aceite, sal y un poco de limón. Horneamos unos minutos a buena potencia hasta que el pescado esté en su punto.
Gallo en salsa ligera: Para quien busca algo un poco más elaborado, sin complicarse demasiado. Marcar el pescado ligeramente en sartén; Preparar una salsa suave con tomatitos, perejil, caldo de pescado y un toque de vino blanco; Incorporar el gallo y dejar que termine de cocinarse en la salsa. Esta preparación es ideal para acompañar con arroz o verduras.
Como puedes ver, el gallo es un claro ejemplo de que no siempre hace falta ir a los pescados más conocidos para comer bien. Es económico, fácil de preparar y encaja en muchas recetas. A veces, lo más sencillo es lo que mejor funciona en la cocina. Si quieres conocerlo aún mejor y ver otra manera de prepararlo, te dejamos el enlace de nuestro perfil de Instagram para que sacies tu curiosidad por este pescado aún mejor.